Atrapados en Malapascua

10 octubre

Esta es la historia de cómo nos quedamos atrapados en Malapascua.




Dice la historia que hace casi 500 años un buque español acabó a causa del mal tiempo varado en una pequeña isla al norte de Cebú. 

La fecha en concreto fue el 25 de Diciembre de 1520 y los marineros, que no tenían ni idea de que aquella pequeña isla se llamaba Logon, al verse atrapados en ella el día de Navidad la llamaron Malapascua.

En Junio de 2016 se volvió a repetir la historia, o casi, porque está vez no tuvo nada que ver el mal tiempo para que otros españoles quedasen atrapados en Malapascua, nosotros. Y algo nos dice nuestra intuición que desde el s.XVI no hemos sido los únicos, y seguramente tampoco seremos los últimos, en echar el ancla más de lo previsto en la isla.


A Malapascua llegamos desde Camiguin, donde ya veníamos totalmente entregados a Filipinas, sus paisajes y sus gentes.

Que Malaspacua nos iba a gustar es algo que teníamos claro porque sabíamos así por encima lo que nos íbamos a encontrar. Una isla mínima, de apenas dos kilómetros de largo por uno de ancho, donde no existe el asfalto.

El dato del asfalto, que a priori puede parecer baladí, a nosotros nos dice mucho ya que tenemos la fortuna de vivir en un archipiélago donde también contamos con alguna isla sin asfaltar. Sinónimo de paz, paisajes de ensueño y gentes a las cuales el poco desarrollo de la isla les permite vivir a un ritmo pausado, donde no importa perder un poco de tiempo conversando y curioseando con aquellos que llegan de visita.

Y eso es lo que nos encontramos en Malapascua. Una isla sosegada donde los lugareños y sus humildes casas se entremezclan con total normalidad con los buceadores y los resorts donde estos se alojan.



Y es que además de ser una isla paradisíaca Malapascua es uno de los principales destinos de buceo dentro de Filipinas.

El buceo fue el principal motivo de nuestra llegada a la isla. La inmersión estrella, donde se puede bucear con el tiburón zorro, tuvo la culpa.

Malapascua es uno de los pocos puntos de buceo del mundo donde casi que se puede garantizar al 100% su presencia. Y sí, no faltó a su cita y ambos pudimos bucear con él. Con diferentes sensaciones para cada uno, pero con la satisfacción de haber podido bucear con uno de los tiburones más extraños y esquivos del planeta.



Algún día tuvimos el atrevimiento de ir a explorar la isla y ver sus playas del norte, creo que fueron dos o tres días aislados. Uno de ellos casi llegamos andando hasta la otra punta, así a lo loco. Son solamente dos kilómetros pero sin lugar para protegerse del sol. Así que para moverse es mucho mejor pagar entre los 30 o 50 php que te pedirán los lugareños por llevarte ellos en moto. A nosotros nos llegaron a llevar a los tres en un solo viaje, toda una experiencia.



Ocho o nueve días fueron los que pasamos en Malapascua, y eso que no fuimos ni a Gato ni a Kalanggaman Island, y no porque no lo pensásemos. Simplemente se nos fueron los días sin hacerlo, relajados bajo cualquier sombra.



De hecho, tampoco pensábamos pasar tantos días en la isla. Tres o cuatro días era nuestra idea al llegar y de ahí partir hacia Bantayan. Pero tampoco recordamos muy bien cuando decidimos no ir, ni siquiera estamos seguros de haberlo decidido o simplemente dejar que pasase y ya darnos cuenta demasiado tarde como para movernos.


El paso de nuestros días allí podríamos resumirlo de la siguiente manera:

  • Levantarnos al ritmo del despertador y banda sonora oficial de los amaneceres de la isla, las decenas de gallos que hay por todas partes. Para luego hacernos el remolón en la cama.
  • Desayunar algún dulce comprado en algunas de las panaderías de las zonas locales, o quizás con un poco de suerte algo de fruta. 
  • Quedarnos con el agua al cuello durante horas o vagar sin un rumbo determinado por sus laberínticas calles recibiendo y repartiendo sonrisas y saludos con los simpáticos y amigables lugareños.
  • Si el sol apretaba excesivamente languidecer bajo alguna sombra esperando que aflojase. 
  • Por la tarde cruzar los dedos esperando cazar alguna de las míticas puesta de sol de Malapascua mientras "degustábamos" unas cervezas o algún batido de mango y decidíamos el lugar donde cenar.
Y vuelta a empezar al día siguiente.



  

En Malapascua uno puede llegarse a sentirse tan a gusto con lo que ve, lo que hace y lo que no hace que el holgazanear se transforma en todo un arte, el arte de no hacer nada, ni tan siquiera pararse a pensar que uno tiene que partir ... y así ...

Así nos quedamos atrapados y enamorados de Malapascua.






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2 comentarios

  1. Que bien suena el plan de quedarse atrapado en Malapascua!
    no es la primera, ni creo que sea la última vez, que escucho que este lugar, literalmente, atrapa.

    Apuntado en la lista de lugares para ir a no hacer nada, y dejarse llevar. :)

    Un abrazo!

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    1. Hola Alicia, como ya digo al ppio del post seguro que no hemos sidos los primeros ni seremos los últimos en quedar atrapados en la isla de Malapascua. el sitio está genial, incluso si uno no bucea da para quedarse ahí unos cuantos días. Tengo que confesar que íbamos sobre aviso y también algo predispuestos a que pasase ;)

      100% recomendable la experiencia.

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